Avanza, y el camino aparecerá

Me gusta esa frase y esa idea. Hoy decimos adiós al otoño para comenzar el invierno, y las taaan deseadas vacaciones de Navidad. Por fin podemos descansar, descansar cuerpo y mente, de las rutinas, de las prisas. Por fin podremos pasar tiempo con nuestra familia y amigos, de modo que ¡OLVIDÁOS DEL RELOJ!

Son épocas difíciles para algunas personas que han perdido seres queridos o que tienen que pasar los festivos en la lejanía de aquellos que aman, os invito a cambiar el enfoque.

A veces la vida no sale como nosotros desearíamos, por las malas decisiones, por el miedo, por los monstruos, por lo que sea. Eso no significa que deba ser malo, no significa que deba resignarme y vivir amargado. Todo tiene un lado bueno. ¡OJO! Que no elimina el malo, pero lo atenúa. El malo tenemos que aceptarlo, y a partir de ahí, crear algo estupendo.

El año 2025 ha sido un año para soltar y espero que lo hayáis hecho bailando, aunque no sepáis (un aplauso para Rozalén, una artistaza). El 2026 es un nuevo comienzo, para crear una nueva forma de vivir. Vamos a por él con muchas ganas y centrados de nuevo en lo que suma. Lo que resta no merece ni un pensamiento nuestro.

Quiero compartir con vosotros una charla que escuché de Arun Mansukhani en la que explica que en TODAS las relaciones a largo plazo necesitamos trabajar y esforzarnos. Y dice algo que yo creo muy importante: “es cuando mejor nos conocemos a nosotros mismos”. El autor da unas herramientas para ayudarnos que os invito a conocer y aplicar, os dejo un resumen.

El mensaje con el que yo decidí quedarme fue “si veo al otro, le conozco perfectamente y, aún así, lo acepto, esa es la sensación de verdadero Amor, y la sienten ambos. El Amor singulariza. De hecho, si nos quieren pese a habernos conocido, es un momento de calma. Me hizo mucha gracia su explicación respecto a los hijos, los amas, pero a veces te irías muy lejos o les mandarías a ellos muy lejos, sin cambiarles jamás por otro. Eso es Amor incondicional, «te conozco, te respeto, te cuido». Así deberían ser todas nuestras relaciones.

Empieza el año con AUTOCUIDADO, luego irán llegando los otros «autos»: el autoconocimiento, la autoaceptación y la autoconciencia.

Porque una relación sana es aquella interdependiente, donde la dependencia es horizontal, ambos cuidan y protegen, aquella que sabe manejar los conflictos y da tres prerrequisitos. Siempre van a surgir (los conflictos son inevitables y necesarios), pero hay que aprender a resolverlos de forma sana. Segundo: “no llevo siempre la razón”, la otra persona tiene su versión. En este punto recordé la imagen que puse en el título. El tercero es que toda relación tiene un nivel de ambigüedad (y aquí es donde comenta lo de querer librarse de los hijos a veces o sentir envidia por el éxito de un amigo, aunque te alegras por él a la par).

Punto muy importante (para resolver posibles conflictos navideños, que cuando nos juntamos con familiares que vemos poco, a veces afloran comentarios inapropiados o roces). Los 3 requisitos para que una conversación funcione: saber estar emocionalmente regulados (si me altero y grito, insulto, falto al respeto, lloro, … Quizás no es el momento o hay que buscar otra vía. Yo en terapia, con mis niños, siempre les doy la alternativa de escribirlo o dibujarlo, porque a veces no nos salen las palabras o las palabras nos duelen demasiado. Podemos autorregularnos, yendo a nadar o correr, o corregularnos hablando con otro), saber escuchar (esperar a que termine sin estar pensando su respuesta, debería hacer un resumen adecuado antes de comenzar a exponer su punto de vista) y saber expresar sin que el otro se ponga a la defensiva (yo lo interpreto como aplicar la comunicación asertiva, que ya he comentado en otras entradas. Expresar lo que yo pienso, desde el YO y respetando que tú opinas distinto).

También menciona unos post-requisitos: aprender a regularse de nuevo tras el conflicto (bajar el cabreo, nada de estar días echándolo en cara o decir “no me pasa nada” cuando en verdad sigues molesto. Puedes decir que continúas enfadado, aunque recordad que el enfadado es el que carga el peso del conflicto, el otro ya siguió. Como los monjes que cruzan el río. El que finalmente carga con la mujer, no es quien pujó con ella a través del agua), poder reparar el daño (pedir perdón, “siento que lo hayas pasado mal”, suele darlo el más maduro. No esperéis jamás que alguien narcisista, egocéntrico, vaya a pedir disculpas. Cree hacerlo todo demasiado bien, ya sabe de todo, ya sabe la causa. Esa gente jamás aprenderá, seguirá siendo igual de mala persona) y permitir que reparen (no cerrarte a perdonar. ¡OJO! Perdonar no significa que lo acepte como correcto ni que esté de acuerdo).

Os deseo a todos unas muy felices fiestas, de descanso y calma. Un comienzo de año lleno de oportunidades. Recordad SIEMPRE ES UN BUEN MOMENTO PARA CAMBIAR A MEJOR. SIEMPRE HAY ALGUIEN QUE TE AYUDA. MERECES TODO LO BUENO QUE TE PASE. EN MUCHAS OCASIONES, LO QUE DAS, ES LO QUE RECIBES. NAMASTE.

Y como estoy de acuerdo con Jorge Bucay en que cada momento tiene un cuento, voy a compartir con vosotros uno, para estas fechas.

«UN LUGAR EN EL BOSQUE»

Esta historia nos cuenta de un famoso rabino jasídico: Baal Shem Tov.

Baal Shem Tov era conocido dentro de su comunidad porque todos decían que él era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.

Se había hecho una tradición en este pueblo:  Todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no habían podido conseguir iban a ver al rabino.

Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía y los llevaba a todos juntos a un lugar único, que él conocía, en medio del bosque. Y una vez allí, cuenta la leyenda, que Baal Shem Tov armaba con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para él mismo. Y dicen, que a Dios le gustaban tanto esas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego armado de esa manera, quería tanto a esa reunión de gente en ese lugar del bosque, que no podía resistir el pedido de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que ahí estaban.

Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie sabía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo. Pero conocían el lugar en el bosque. Sabían cómo armar el fuego. Una vez al año, siguiendo la tradición de Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo lugar en el bosque, prendían el fuego de la manera en que habían aprendido del viejo rabino, y como no conocían las palabras cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban y hablaban de cualquier cosa en ese mismo lugar alrededor del fuego. Y dicen, que Dios gustaba tanto del fuego encendido, gustaba tanto de ese lugar en el bosque y de esa gente reunida, que aunque nadie decía las palabras adecuadas, igual concedía los deseos a todos los que ahí estaban.

El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo. Y aquí estamos nosotros. Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque. No sabemos cuáles son las palabras. Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego a la manera que Baal Shem Tov lo hacía. Sin embargo, hay algo que sí sabemos:

Sabemos esta historia, sabemos este cuento… Y dicen, que Dios adora tanto este cuento, que le gusta tanto esta historia, que basta que alguien la cuente y que alguien la escuche, para que Él, complacido, satisfaga cualquier necesidad y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento. Amén. (Así sea…). ¡FELIZ 2026!